28 juny 2009
20 maig 2009
Lo que de verdad importa.
Publicado por
Darth Mindundi
en
12:34:00 AM
1 comentarios
08 febrer 2009
¡¡Fiesta!!
NDF (nota del fotógrafo): Sí, aunque parezca mentira, tiene ojos.
Dicen los expertos que una fiesta es un día en que se celebra alguna solemnidad nacional, y en el que están cerradas las oficinas y otros establecimientos públicos. Otros no tan expertos consideran que una fiesta es diversión o regocijo. Luego hay los dinosaurios (o los pingüinos como Fraga) que consideran que una fiesta es el Día (sí, con mayúsculas) que la Iglesia celebra con mayor solemnidad que otros.
Para mi, fiesta es irse con los amigos. A tomar algo. A comer. A beber. Y según ciertos mitos (y leyendas) urbanos, a ligar (y triunfar en ello). Hay veces que irse de fiesta es simplemente ir a comer. Con el comer, también hay el beber. De ligar nada, excepto una castaña considerable, pero simpática. Ir a tomar algo con los amigos es simplemente el preludio al ir a comer. Somos así de serios. Y constantes. Luego hay la opción de quedar ya más bien de noche, e ir a beber (la excusa es hablar de temas banales que indefectiblemente no interesan a nadie, cómo el fútbol, la política y las increíbles tetas de la rubia de enfrente).
Hoy me ha tocado la última opción. Pero sin tetas ni rubia, cosa que ya por principios es un problema. Los ingleses le llaman handicap. Aquí generalmente se le llama putada, porque somos más serios y decimos las cosas por su nombre. Pero la verdad, con el fútbol y la política nos hemos defendido. Gracias a los dioses que también hay el rugby, y nos hemos salvado (esos machotes...). Por poco, eso sí. Total, que he cenado y me he ido con un amigo de fiesta. Habíamos quedado con unas amigas del amigo. Yo, creyendo en el dicho (los amigos de mis amigos son mis amigos), he creído que tenía opciones de intercambiar fluidos corporales, y no, no me refiero a los escupitajos. Con las amigas, se entiende. Así que me he puesto mis mejores zapatos (sólo tengo un par), mis mejores pantalones (los que no estaban sucios) y mi mejor camisa (arrugada). Era un pincel. Y con ron (mucho, ni lo justo ni lo necesario, más bien lo indecentemente exagerado), era un pincel simpático y divertido. Todo lo contrario que en la vida real. Pero a quien le importa cuando lo que intentas es convertir esas risas en gemidos de pasión. Se miente. Se mata. Todos sea por
Al llegar me he encontrado que la amiga que me "tocaba" (la guapa -que tampoco- era para mi amigo, dile tonto), era una especie de camello dicharachero de metro ochenta (Torrebruno se habría columpiado entre sus piernas) con una espalda que no se la salta un piano (no, yo tampoco he visto nunca saltar a un piano). Cuando reía, las comisuras de los labios casi le llegaban a las orejas. Su nariz no era aguda. Directamente cortaba. Los ojos parecían dos puñaladas en un tomate. Verde. Llevaba un escote que dejaba entrever unos pechos cómo sandías de Chile. Bueno uno era de Chile. El otro, del Llobregat. Lo digo por la distancia que había entre uno y otro. Que eso no era un canal, era directamente el Atlántico (el océano, me refiero al océano, no al banco). Cuando se ha puesto a bailar salsa (o merengue, bachata o como se llame esa "música" machaconamente repetitiva), mi abuela lo habría echo mejor. Y eso que está muerta. Su risa era estridente y su humor (por una vez, vamos a ser políticamente correctos) estúpidamente idiota.
Todo eso, cualquiera lo habría visto en 5 minutos. Yo lo he visto en 30 segundos. Es el tiempo que he tardado en despertarme, girar la cabeza, mirar, vestirme y salir.
PS: Escrit, no revisat i no actualitzat a les 04:35.
PPS: Si no portes sabates, els taxis no acostumen a parar.
Publicado por
Darth Mindundi
en
4:37:00 AM
5
comentarios
22 gener 2009
La oscura y verdadera historia del tapete.
Llegados a éste punto, los expertos consideran que gracias a esos sucesos una nueva hornada de abuelas más jóvenes tomó el poder tapetil, con ideas nuevas y revolucionarias. Uno de sus actos más aberrantes y conocidos fue tintar los tapetes de los más variados colores. Aún hay gente que se les pone la piel de gallina al recordarlo. Muchos otros no se les pone la piel de gallina, por el simple echo de que al ver por vez primera esa anomalía prefirieron saltarse la tapa de los sesos de un disparo, saltar desde el balcón y muchos más divertidos eventos que no hace falta numerar aquí.
Con el tiempo, el imperio tapetil, como hemos dicho, fue declinando. Hasta se llego a temer (o rezar) por su extinción. Pero es justamente por estos sucesos, que los investigadores (románticos ellos), decidieron hacer estudios sin cuartel sobre el objeto en cuestión. Sobre los citados estudios, ya hablaremos en otro capitulo debido a su extensa extensión.
Nadie sabe exactamente que induce a una abuela a estarse horas y horas gastando hilo, vista, paciencia y ganchillo. Solamente se sabe que, a cierta edad, el cuerpo, la mente, pide eso. Quiere eso. Es decir, de la misma forma que a los 16 años los adolescentes (masculinos en su mayoría, que si no de que sería un trauma) notan que todas las neuronas de su ser (sobretodo, ciertas neuronas de su ser egocéntrico y onanistamente principal) piden sexo, cuando se llega a cierta edad (ahí no está claro si es a partir de los 62, 67, 69 o 73 años), las abuelas necesitan hacer tapetes. Cómo un yonqui necesita su ración diaria de heroína (jaco para los amigos), las abuelas necesitan el hilo, la aguja de ganchillo y un objeto a cubrir. Cómo vemos, tanto los yonquis cómo las abuelas tienen dos puntos en común. La adicción y la aguja. De ahí que actuales estudios serios de extintas universidades hayan demostrado el alto índice de contagiadas por el virus del SIDA entre la población femenina de la tercera edad. También se ha demostrado que, debido al tiempo que se tarda en realizar los análisis, nunca se descubre que las abuelas mueren de esa enfermedad, ya que no llegan a ver dicho informe.
Y todo esto, amigos lectores, ¿por que lo cuento? Es fácil adivinarlo. Hoy, en un sólo día, he visto cómo la leyenda de que el imperio tapetil está extinto es una falacia. En dos sitios distintos, en dos lugares diferentes (y en una galaxia muy, muy lejana), he podido ver tapetes adornando a seres humanos. ¡Sí! Y (por una vez) no tenía un exceso de alucinógenos circulando por mis arterias y venas varías. Que me estoy quitando. Pero la verdad, ver a una mujer con un gorro de ganchillo (imaginen, amables lectores, una funda de ganchillo para un tiesto y denle una vuelta de 180º) con alegres motivos florales pasear por la calle, me ha echo plantear si ha sido buena decisión abandonar ciertas substancias. Lo que me ha reafirmado en que tengo que volver a la existencia psicotrópica ha sido la vista de un muchacho jamaicano (o al menos, enamorado de esa isla). Y no porque fuera negro o llevara rastas. Si no porque iba enfundado en una camiseta de baloncesto (con los colores de Jamaica) inmensa. Evidentemente, el problema no es llevar una camiseta de baloncesto que te llegue a las rodillas. El problema, es que esa camiseta, queridos y sufridos lectores... era de ganchillo.
Estas dos visiones me han tocado la fibra sensible. Han provocado que empezara a investigar el mundo tapetil. A desempolvar tapetes guardados en trastero y mirármelos desde otra perspectiva. A quemar toda foto de abuelas que encuentre, mientras entono el "Muerte al ganchillo, a la hoguera con él", famosa canción puesta de moda por Torquemada y remasterizada y actualizada por Torrebruno. A seguir las investigaciones no acabadas de las extintas universidades, esperando que los resultados me den la razón, y descubrir que, tal y cómo hizo Keyser Söze, el mejor truco que hizo el Diablo es hacer creer que no existía.
Así que, si un día de estos leen que he tenido un accidente y me he clavado la cuchilla de afeitar 23 veces, no se lo crean. Porque no me afeito, me depilo a la cera.
Saludos.
PS: Si durant més de tres anys li vas ficant el dit a l'ull a algú, normal és que després aquest algú et trenqui les rótules.
PPS: Antic proverbi jueu.
Publicado por
Darth Mindundi
en
6:44:00 PM
7
comentarios
01 setembre 2008
Botella de lejía reloaded.
Pues sí, no nos hemos (sí, en plural, tengo muchos egos) olvidado de los ansiosos lectores. Así que ahí van un par de frases más para que desgraciéis vuestra camiseta preferida, o para acabar de destrozar esa camiseta del colacao:
I love hipoteca. And the bank loves me.
Soy un Hombre Kleenex. Utilizame.
PS: Salta, balla, corre com si ningú et veiés. Com si fos l'últim dia de la teva vida.
PPS: Si ho fas de nit i farcit d'alcohol o substàncies psicotròpiques, possiblement ho serà.
Publicado por
Darth Mindundi
en
12:17:00 PM
7
comentarios



