The Last Emperor. Part I
Fumanchú sale de su habitación, con el traje de seda (seda china claro, traída expresamente por Armani), se mira en uno de los espejos del pasillo (le encantan los espejos, por las noches suele hacer poses y practicar subidas de ceja, movimientos intimidatorios con las uñas...), y ve que le faltaba el gorrito. Rápidamente se va al probador de gorritos que tiene y coge uno. Está perfecto. Traje amarillo con gorro negro. Ideal para ir a esperar en la sala imperial a su biznieto. Así se veran después de tantos años y lo verá en plena majestad, en pleno uso del poder imperial que sólo él, Fumanchú, puede ostentar, tener y controlar.
Con paso grave pero ligero, entra en la sala imperial. Está impecable. El oro reluce. Las sedas brillan a la luz de las velas. Las máscaras (originales de todas las dinastías imperiales chinas) parece que le rindan pleitesía. Se sienta en el trono, magníficamente gravado, y deja reposar sus brazos...
Al cabo de un rato, las puertas del fondo se abren lentamente, silenciosamente. Los guardias van entrando, al trote cochinero, hasta formar un pasillo entre las escalinatas del trono y la puerta. El emperador inmortal sonríe.
Uno de los secretarios entra, y con la cabeza gacha y las manos juntas, se acerca silenciosamente hasta el primer escalón.
.- Habla.
.- Honolable Fumanchú, me acaban de llamal pala decilme que...
.- ¿Cuantos años tienes?
.- Que?
.- No creo que sea una pregunta dificil de entender... ¿Cuantos años tienes?
.- Cualenta y cuatlo, mi honolable señol.
Fumanchú suspira. Cuarenta y cuatro años y aún no sabe pronunciar la maldita R.
.- Es igual, sigue.
.- Honolable Fumanchú, me acaban de llamal pala decilme que Cho-Li So ya ha recogido...
.- ¡Te pillé! ¡Sabía que sólo lo hacéis para molestarme!
.- ¿Peldón honolable empeladol?
.- Has dicho Recogido, con R.
.- Miselicoldia, honolable empeladol, no se lía de mi. Sabe que los chinos moltales no sabemos decil la L.
.- ¿Misericordia? ¡Pero si has pronunciado la R!
.- No, no lo he hecho, honolable señol.
.- Si que lo has echo.
.- No, no mi señol.
.- Si, si que lo has hecho, has dicho Recogido. RRRecogido. RRRRRe-co-gi-do.
.- Mi señol, pol favol, no se bule usted de mi, he dicho lecogido. Lecogido. Le-co-gi-do.
.- ¿Que no me bule? ¿Se puede saber qué demonios es bule?
.- Mi señol empeladol, ya sabe usted que es bulal...
.- ¡No, no sé que maldita palabra es bulal porque no hay ningún dios que la haya pronunciado nunca!
.- Cómo que no, mi honolable señol, clalo que la plonuncian, y más a menudo de lo que la gente clee.
.- ¿¡Pero qué es bulal!?
.- Pues mi honolable empeladol, bulal es el acto del legocijeo y del...
.- ¿Legoci...? Es igual. Dejalo ya. Acaba tu informe.
.- Pues cómo le decía, mi honolable empeladol, me han infolmado de que su excelso ayudante Cho-Li So ya ha Lecogido a su honolable biznieto en el aelopuelto y ya vienen hacía el Palacio Impelial.
.- Está bien. Márchate.
.- Si honolable señol. Sólo una cosa más, mi señol, es un honol pala todos nosotlos que su honolable biznieto vuelva a estal aquí después de tantos años.
Dicho esto, el secretario, aún sin levantar la cabeza ni separar las manos, se marcha andando de espaldas, hasta llegar a las magnificas puertas de bronce que, una vez cruzadas, se cierran en medio del silencio más absoluto.
Fumanchú ya no sabe que pensar... Por un lado, la noticia de la llegada de su biznieto le alegra y le reconforta. Por otro lado, que sus criados, sirvientes, trabajadores y soldados no sepan pronunciar la R le preocupa... ¿Lo hacen expresamente para reírse de él a sus expensas? ¿Se juntan luego en la taberna y ríen de su cara cuando le hablan así? ¿O sencillamente son idiotas congénitos?
En ese momento, unos tambores empiezan a resonar, y a continuación, unas trompetas empiezan a tocar la marcha imperial. Fumanchú olvida sus disquisiciones, se yergue en el trono y observa cómo las puertas se empiezan a abrir para dejar paso al chambelán de la corte, el cuál, hace picar su bastón en el suelo y a continuación, con voz profunda pronuncia las palabras que el emperador tanto anhela:
.- ¡Majestad Impelial, el excelso Genelal Hal-Tu Dituh!
Una figura se empieza a mostrar entre las sombras de la puerta, se para al lado del chambelán y le dice en voz baja:
.- Har-Tu Dituh. HaR, con R.
.- Pues eso es lo que he dicho, mi genelal.
El general mira al techo y suspira... A continuación mira hacía el fondo de la sala imperial, sonríe orgullosamente y pisa el mármol...


